CONÓCETE A TI MISMO
Rafael Armando Rivera
Para conseguir ser una persona positiva con mayor facilidad y eficacia, es recomendable que la persona comience con un análisis de sí misma, lo que se denomina autoconocimiento. Así sabrá qué aspectos de su forma de ser debe trabajar para mejorarlos.
El autoconocimiento significa, por tanto, la valoración que uno tiene de sí mismo. Esto significa que eres consciente de los objetivos que te propones y de los medios por los que eres capaz de desarrollarlos. Significa, por tanto, tener la seguridad de tus capacidades para poder aprovecharlas al máximo. También significa conocer la situación en la que nos encontramos en relación con los demás.
El conocimiento objetivo personal significa conocer y asumir los posibles condicionamientos que cada persona tiene de su propio pasado. Pues bien, es un hecho que el pasado nos condiciona tanto en el presente como en el futuro y que nuestra realidad y nuestras posibilidades no nacen por casualidad, sino que se dan en un contexto que constituye nuestra historia personal, muchas veces difícil de reconocer y de asumir. Porque cuando un pasado actuó como condición negativa, es más fácil ocultarlo y no asumirlo, lo que puede ser una buena estrategia en determinadas ocasiones, siempre que no nos lleve a engañarnos.
En evaluar el presente está nuestra proyección hacia el futuro, trazando metas alcanzables para que podamos asegurar nuestro progreso personal, o ser conscientes de que no pretendemos asumir responsabilidades que no seremos capaces de cumplir.
Por lo tanto, es necesario saber reflexionar sobre nosotros mismos, poner en práctica actividades de autoanálisis para descubrir cómo pensamos y cómo nos sentimos. En este sentido, una buena estrategia resulta estar atento a los juicios que los demás hacen de nosotros, que muchas veces pueden estar algo velados, pero que pueden darnos magníficas pistas para la reflexión personal. Escuchar atentamente lo que los demás piensan de nosotros, y sobre todo interpretar su comportamiento de búsqueda o huida, puede ser un buen criterio para mejorar nuestro comportamiento hacia los demás, apuntando a cuáles son nuestras verdaderas posibilidades para una relación afectiva positiva.
Tengamos siempre en cuenta que una adecuada autoevaluación implica un reconocimiento sincero de nuestras fortalezas y debilidades, una visión clara de los puntos que debemos fortalecer y la capacidad de aprender de la experiencia.
En realidad, nuestra vida, nuestro trabajo, es un proceso. Por eso se trata de progresar en las debilidades que tenemos, y sobre todo poder deducir de nuestras nuevas experiencias otras posibilidades de progreso personal.
Las personas que tienen una adecuada valoración de sí mismas son perfectamente conscientes de sus recursos, de sus capacidades y de sus limitaciones internas, y, por lo tanto:
- Son conscientes de sus fortalezas y debilidades.
- Reflexionan y son capaces de aprender de la experiencia.
- Son sensibles al aprendizaje sincero de la experiencia, nuevos puntos de vista, formación continua y autodesarrollo.
Es importante tener en cuenta que la confianza en uno mismo proviene precisamente de la certeza que tenemos sobre nuestras capacidades, valores y objetivos. Es, por tanto, una confianza objetiva, y no la de aquellos que son incapaces de medir sus fuerzas y plantear sus desafíos.
Las personas seguras de sí mismas tienen un sentido muy claro de su valor y capacidad, y como resultado:
- Saben estar, no pasan desapercibidas.
- Pueden expresar puntos de vista impopulares y defender lo que creen que es correcto sin el apoyo de nadie.
- Son emprendedoras y capaces de tomar decisiones importantes, a pesar de las incertidumbres y contratiempos que puedan surgir.





